22/8/17

Poema de Carlos Carbone





TUS MANOS

Tus manos
pasajeras de la ternura
pintan  por mis ojos
pintan por mi cuerpo
pintan en las palabras que nos unen.

Tus manos hacedoras
Pintan para saber
-en este mundo que se pierde-
donde queda la ternura.


© Carlos Carbone

Poema de María Laura Coppié




The Wall

...lo que se busca queda siempre del otro lado .
Carlos Barbarito


Hablamos por teléfono y lloramos.
Lloramos a dúo
y nos reímos por la emoción de escucharnos.

Pero no retrocedemos en la decisión
de construir el rencor.
Piedras van ubicándose entre los pies,
tropezamos con ellas.
De todos tamaños,
de colores sombríos y fríos,
no trasluz ni nácar en su médula.
Algunas rasposas por lo
áspero de la distancia,
otras la seda de sus ojos del después.
Crece con cada palabra, cada no gesto
y nos separa.
Grandes adoquines
donde estaban sus domingos insondables,
oscuro como toda duda el surtido de cantos rodados.
Nada de orfebrería que comprometa,
ningún engarce sosteniendo a la más lustrosa.

Sería tan sencillo dinamitar nuestro muro.
Citarlo simplemente en una de nuestras esquinas,
mano en mano y que estalle el enojo.
Pero hasta acá duelamos demasiado para ser sordos.
No cicatrizará en lágrima esta herida,
la humedad afianza nuestra pared en el musgo.
Por fin construimos algo juntos
aunque fuera una trampa.

Demasiado amor nos debemos como para derribarla.



© María Laura Coppié

Poema de Graciela Barbero


La realidad se derrama
entre rumor del agua
 y las baldosas rotas
Un rayo de sol intenta reavivar
cenizas heladas

Dentro de mí hay un ángulo muerto.



© Graciela Barbero

Poema de Walter Mondragón




SIMETRÍA DE LAS ALAS

Tú eres tú
junto a mí
atrás
        delante
                     arriba
         abajo
al otro lado
                    (del espejo)
Intactas alas
pies en camino
libres sueños…
manos sin esposas.

Yo soy yo
Junto a ti…



© Walter Mondragón

Poema de Cecilia Moncalvo


Quiero 

apenas emerja
al aire
de mi boca riendo
alcanzaré tus brazos
abierta a mi patria
reposaré
soltando esclavas
con ellas escribo
en pie
balbuceo andamios
que arrancaré de donde sea
de mí
barro fragmentos en la cuna
afilando huesos bajo nuestra memoria
volveremos con los hijos
del río
regresaré
y a vos
te atrinchero a mi lengua
a besos
y que despierte tu sonrisa
y digamos viva



© Cecilia Moncalvo

20/8/17

Homenaje a MIGUEL OYARZÁBAL en su fallecimiento

Me acabo de enterar del fallecimiento del querido poeta Miguel Oyarzábal. Un poeta luminoso lo llamaba yo, pese a su ceguera, era un ser que sabía mirar mucho más de los que vemos los que podemos hacerlo. Un ser noble, ético, amable y amoroso. Un poeta enorme.
Un abz a toda su familia y a sus amigos, Gus...



LA PENDIENTE

La luna está demasiado lejos.

Las luces son goteras silenciosas,
la calle se ha vuelto una pendiente
y el precipicio es tuyo.

Sólo el doble fondo de la noche
podrá salvarme. 

© Miguel Oyarzábal



En los poemas

En los poemas,
no hay espacios vacíos.
Son mis ausencias,
que insisten. 

© Miguel Oyarzábal



EL FONDO DE LA NOCHE

Cómo no navegar hasta el fondo de la noche
playa de acantilados ambiguos
y mareas de límites dudosos
donde los relojes se detienen
o simplemente ya no importan.
Cómo no dejarme ser, al garete,
cuando es el horizonte preciso
para igualar los sueños de los chicos de la calle
con los sueños de todos los chicos.
Cómo no recalar en la hondura de la madrugada
si lo habitan el asma de las prostitutas y la verdadera poesía,
porque se puede hacer el amor
o escribir por oficio,
pero cuando está a punto de descolgarse el alba
y mientras ellas, las putas, las palabras,
arañan los sueños que no alcanzan,
la sangre desborda el costado izquierdo del alma,
y hecha poema,
dice al hombre que le duele.

© Miguel Oyarzábal


ENTRE SUEÑOS Y VEREDAS

Soy
el que asumido a veces
deriva por las calles;
que se ausenta de la mesa con alas imposibles y regresa
planeando en los sonidos;
que acude a la memoria para sostenerse.
Soy
el hipermétrope desesperado
que deambula
entre sueños y veredas


© Miguel Oyarzábal




LO QUE MIGUEL ME MANDO AL INGRESAR AL BLOG COMO BIOGRAFÍA:

Lo que querría decir de mí, lo que a vos te gustaría leer de mí. No sé.
Más que una biografía curricular, prefiero hablarte del hombre.
Si. Nací en Salto Provincia de Buenos Aires en 1948. Con los 5 años y por mis ojos nos trasladamos a General Pacheco, cerca de la Capital. En 1976 volví a mi pueblo natal para comenzar con el periodismo. Y en 1979 me radiqué definitivamente en Puerto Madryn.
Es verdad, publiqué cuatro poemarios; me becaron el Fondo Nacional de las Artes y la Fundación “Futuro”; hice periodismo radial y escrito.
Es cierto: vendí platos, seguros y publicidad por la calle; anduve bastante como mochilero, fui baterista de cabaret durante un año (mi primer laburo decente). Hasta fui director de un centro de ciegos, donde los que ven lograron angustiarme mucho y con el tiempo aprendí a entender y a entenderme.
Por hacer poesía llegué al periodismo escrito y a la radio, la magia personificada.
El Narrador Oral que en realidad viene en mí desde la infancia, está íntimamente relacionado con lo poético; en este oficio hay que capturar la historia, visualizarla entera, contarnos esas imágenes con las palabras más justas y finalmente narrarlas para que el público las escuche y así las vea transcurrir.
Entonces, el eje está centrado en el poeta. ¿Como arribé a la poesía?. No se. Tal ves vos, me ayudes a encontrar el camino.
La cuestión es que nací apenas viendo bultos; con las operaciones y los cristales gruesos, sólo alcanzo a ver un poco del ojo izquierdo, nunca pude llegar a la letra escrita y la vida me quedó recortada para siempre.
Recuerdo que a través del viejo y las fantasías de la radio, bebí las historias urbanas de los grandes poetas del tango; además, Schubert, Chopin, los escuchaba desde el jardín a través de una ventana, en el piano de un dinamarqués, dueño de la quinta en que éramos caseros. Hombre entrañable para mí.
Después, los bares, la noche con su mezcla de muñecos de papel y hombres de corazón abierto.
Mis padres me apoyaron en todo lo que emprendí, aunque pensaran que estaba equivocado.
Conocí mucha gente; amigos, hombres y mujeres que me quisieron y me ayudaron, siempre con la verdad en la mano.
También fui amado, amé y aún apuesto al amor.
Hoy, pretendo continuar escribiendo, o grabando si es necesario e intento seguir creciendo, a pesar de los agujeros que me cuelgan.

18/8/17

Poema de Hugo Francisco Rivella



Pedro me ha negado como una rosa oscura.
Niega la sed, la piedra, el olivo y la fuente,
a Lázaro en la boca de su muerte y los dedos.

¿Dónde están las monedas que Judas ha escondido?
¿Las burlas del soldado? 
¿El látigo en mi espalda?
¿Dónde estás Padre mío? ¿La niebla de tu voz?
¿Mi nombre condenado?
¿Qué sabe el descreído de la sed y el desierto?
¿Del reino de los cielos cuando cruje en la tierra?
¿Qué culpas tiene el niño que apedrea mariposas y destierra en los sapos su música nocturna?
¿Qué sabe la mujer que en la red del avaro desgajó sus vestidos y quedó desnuda?
¿Qué sabe la serpiente de las ruinas del alma y el espejo en el aire que destruyó a la tierra?

¿A quién perdono,
Padre,
si no encuentro culpables?


© Hugo Francisco Rivella

Poema de Sandra Gudiño

  

Cita

Echo el saco de la madrugada
 a mis espaldas.
Abro la ventana.
Espero.
Mi cita es con un pájaro.
Ave de paso
                   viene
                          canta
                                  se va.
Eterna indigente de sonidos
tanteo en lo difuso
atesoro melodías.
Traduzco al idioma de los dedos
lo que dice cuando calla:
la palabra reverbera.

Viene canta se va
empacho abrumador de realidad
la mediamañana
                        alimenta el caos
me hunde en silencios 
                                de acordes cotidianos:
multiplico yoes mentirosos
                                         divido rebeldías.

Viene canta se va
preso al alba
                  no pregunta
cumple el sino
                      de oírme cantar.


© Sandra Gudiño

Poema de Luis Luna

  

  Bajo la bóveda la expectativa
de una revelación. El espacio
en suspenso de un antiguo aguafuerte
donde nadie progresa. 

Sólo la espiga alta.
La cebada crecida. Un pájaro impreciso. 

La promesa del agua.



© Luis Luna

Poema de Elisabet Cincotta



Nosotras
las que no volamos
las que encallamos en alguna playa
las que viramos para ver al viento
y anochecemos con el cuerpo
litigioso en la cama

las que tomamos la hoja en blanco
y sigue en blanco
hasta que de un suicidio
melancólico nace la palabra

nosotras
las que no volamos
solemos alzarnos en puntas de pie
extender los brazos
ser alas y girar
en ese arco
en esa sombra
en el andar levitando por las calles

todas tenemos poemas
que no vuelan
pero no se arrastran
se pierden y nos encuentran
altivos en la historia
y permanecen lejos de la soberbia
en alguna página



©Elisabet Cincotta

Poema de Osvaldo Víctor Fernández


descubrí  fuego
adentro del fuego
millones de sismos a la vez
mínimamente mínimos

un tercer ojo
que ve al uno que somos
ardiéndonos

llamas ciegas
incapaces
de apagar este océano
que habita
el secreto universo
que nos
alberga



© Osvaldo Víctor Fernández

Poema de Alicia Márquez


Los amantes de Pompeya

Hace cien años los descubrieron
debajo de metros de lava y ceniza
que había escupido el Vesubio,
en el año 79.
Los llamaron los amantes de Pompeya,
pensando que eran un hombre y una mujer
porque se protegían amorosamente.
Pero no.
El ADN descubrió que fueron
dos hombres muy jóvenes,de dieciocho y veinte
años, que no eran parientes.
Y que posiblemente fueran amantes.
Y que se protegían amorosamente.
Ellos, cara a cara se dieron posiblemente el último beso,
sintieron el perfumado aliento del amor y llenos de terror,
cerraron los ojos al destino.
Después, la furia, el fuego, el silencio.
Y siguieron siendo los amantes de Pompeya,
dos hermosos hombres,
dos jóvenes hombres a los que el Vesubio
había enterrado y que, seguramente,
no tuvieron que sufrir las consecuencias
de su elección sexual
porque no había placares de donde salir.
Acá no hay vesubios, pero hay otros volcanes,
como la hipocresía al por mayor,
el juzgamiento,
y hay iglesias, hay iglesias, hay iglesias
y mucho miedo.
Sobre todo, mucho miedo.



© Alicia Márquez

Poema de Carlos Morteo

  

hechizo colectivo 

no todo puede ser un poema
el pueblo sabe de las no absoluciones
                     del manual de las culpas
forjado en las desventuras y ocasos
reforzado en el poco honor de las palomas
que se amontonan  se adueñan de los ojos
la gente el cuello hacia arriba y ellas
                                       mirada abajo
abajo está el pueblo cagado
esperando que llegue la muerte  la culpa
de los distintos        de los rompemoldes
y nadie pide la expulsión de las palomas

un embrujo oculto de panfletos pagados
recrea la tolerancia hacia esas aves
ellas que manchan con sus heces  las veredas
sólo encolerizan los dueños de los autos
pues al pueblo le gustan las plazas
que juegan los niños con sus juegos
hermoso salir y poblarlas de justicias
algunos dan alimento a las palomas
y ellas como voladaras bombarderas
cagan las cabezas y los juegos y ropas
no es su culpa la guadaña sin filo
que arrastra el trabajo del apostado placero
el pueblo cuida a las grises palomas
que esperan las muertes de alienados

a qué culparlas si desborda el mundo
de disconformes  de habladores
ellos han de morir por lo que dicen
aunque primero que se quemen una mano
la sociedad ejecuta a los suicidas
les pone las palabras en la cien
les graba fotos suyas en los ojos
las palomas llenan con plumas sus bocas
y vuelan   se posan  casi ríen con sus trajes grises
con su ulular retórico cagan un hechizo colectivo
el inadaptado que osa no morir se quita una oreja
o la niña les grita Mierdas y se ofenden
el disparo horroriza perdona y levantan vuelo
la sociedad con sus apostatas del bulling
ejecutando las sentencias
y vuelan las palomas ordenando su comida
y marcha el pueblo a tomar las plazas
la sangre es demasiado roja para perdonar
demasiado nueva para haberla suicidado
no se levantarán las culpas ni habrá absoluciones
el pueblo se irá acabando en sus muertos
los suicidas dejarán de ser los ángeles del perdón
con alas y rostros piadosos serán diablos de nuevo

otro rey a muerto

la culpa volverá a oprimir al tomar el cafecito
al ir al cine al mirar al niño pobre
las palomas del congreso de plumas húmedas
enfundadas de esos grises para siempre
no quieren volar lo que el pueblo no precede
con sus silencios necesarios y cómplices
los pechos repletos de patria ajena y alpiste
esperando la muerte absolutoria del suicida
vertiendo luego sólo un tiempo corto luto
y después alguna estatua algún discurso
nota cuento cuadro canción poema calle
un buen disparo  un mar velador  un
así millones de perdonados y veredictos

las palomas imaginan ser dueñas de las plazas
balcones  edificios  árboles fábricas
cagar veredas o los caminos del pueblo
que suicida sus sueños individuales
y desea una calle con el nombre
               de alguno de sus perdones


© Carlos Morteo

Poema de Dolores Pombo


 SEQUIA 

ya no llueve 
y la grieta amenaza la tierra 
como una cuña 
transformada 
en puñal 
que quiebra el mapa 
y lo divide 
en territorios 
muertos 
porque ya 
no hay agua 
no hay bosques 
la grieta avanza 
ella sabe 
de probabilidades 
de respeto 
de futuro 
ella conoce 
el egoísmo del ser humano 
ella conoce 
la perfección 
de lo imperfecto




© Dolores Pombo

Poema de Jorge L. Carranza


PUERTAS 

En silencio,
el viento del tiempo
trajo pequeñas mutaciones
que se fueron quedando
y cambiaron la mirada.

Lo que antes era
ahora no es
y viceversa.

Por ejemplo
las puertas han comenzado
a abrirse
solo hacia adentro.



© Jorge L. Carranza 

Poema de Patricia Berho


Umita
             
…Quiere decir “cabecita” en quichua; ser legendario muy conocido en  Santiago del Estero…                                                                                 
El alba pone fin a sus andanzas. Adolfo Colombres                                                                                    


Camino de la luna
La umita, lo conoce
                      lo sigue
Cada  noche de luna llena
Deja la tapera
Y la umita , deja de llorar y se pierde en el campo , que no sabe de la noche
La oscuridad fue vencida
La umita olvida su pena y ríe….ríe…ríe
Hasta llorar.


© Patricia Berho

Poema de Angélica Antúnez Salerno




ESA LÁGRIMA

Cuando crece esa lágrima porque tu canto es vida
para apagar el llanto de la noche
eres entre luciérnagas un corazón de pájaro
y te vas en los ojos del rocío con las alas temblando.



© Angélica Antúnez Salerno

17/8/17

Poema de Paulina Vinderman


¿Qué recordaremos cuando recordemos?
En Puerto Seda, el otro extremo de la ciudad,
nos sirven una fritura de pescado en un parador
 tan precario como la vida. Techos de chapa, periódicos
como mantel y el telón de un mar turquesa
que siente culpa de su hermosura.
Anoche, en el corazón del rumbeadero, dijiste sin mirarme:
"¿Y si nunca volvemos?"
Dejé a la música que responda por mí, dejé a la vida.
Afuera la luna era un hilito, una lágrima gris en una negrura vacía.
Nos convencimos de que eso era el amor:
un brillo impiadoso y embalsamado
 como una mentira, hasta la salida del sol.
Un mundo desconocido que se vuelve irritante
 cuando lo domesticamos.
"Vives—leí una vez—vives si bailas con la voz que te aflige."


© Paulina Vinderman

Poema de Daniel Baruc Espinal Rivera




A L G U N A    V E Z    C R E Í

Alguna vez creí que el amor era un bálsamo de viento,
que recalar en la sombra de tu herida
o en el fragor de luna que enluta tu corpiño
era como llegar a casa en viernes, como tomarse un oporto.      
Pero el vértigo me puso los estigmas en las manos,
me dijo que detrás del azogue del ojo hay humeantes espejos,
infinitos azules que no reflejan nada, que no miran a nadie.
«Es triste la carne», dijo.
Y agregó: «siempre está agujerada de deseos».



© Daniel Baruc Espinal Rivera

Poema de Adriana Maggio


Recurrencia

me equivoco
de este a oeste
de polo a polo
de mar a mar
me equivoco
de oreja a oreja
de punta a punta
yerro
de orilla a orilla
creyendo que me equivoco
y me equivoco
de par en par



© Adriana Maggio

16/8/17

Poema de Daniel Quintero



Autorretrato
/con oreja/

Tengo la edad del hombre que no soy.

Acaricio para que haya luz,
para no sorprenderme por mandatos infieles.
Hago ruido, espanto a esos demonios
por si el recorrido del planeta profanara allí
mi inocencia.

Acaricio para hacer la luz
para que llegue con una melodía el amanecer.

Hasta el poema me reclama, me pide explicaciones,
me quita las ganas de escribir:
ya está bueno de reproches, le digo.
No sé por qué la luz
abusa de mi paciencia con tantas palabras.

Hasta el poema me encierra, me pide la renuncia
de tanto amar que no amé
justifica mi encierro
ahora ya que el tiempo no alcanza
no hay angustia a la que rendirle referencia
a que conjugación ofrendarle culto
si ya hasta el poema está dispuesto
a vaciarme el cargador y el corazón en la cabeza.
Me queda poco en que confiar
ni siquiera apostando a alguna letra
pueda torcer el rumbo
de tanta desgracia acumulada.

No me pertenezco, no me curo de mí.
Ahora exactamente tengo la edad del hombre que no soy.

Tengo el tiempo de todo lo que desee corriendo por mis manos,
ahora mismo, este instante es infinito, es un desierto roto
que tira su paso de arena entre mis dedos y rabia.

Ya nada quedará de tanta decepción:
anécdota más, anécdota menos no altera el destino.
Mañana seré otro, otra deuda, otro incognito,
otro poeta derribado.

Ya no soy el que canta, hasta el verso me ignora,
ahora soy el tiempo inmenso que me toca.
Soy la rueda que se detuvo,
apuesto, tanto augurio, tanta diminuta geografía.

El aire me gana el verso.
Soy el cadáver que se resiste a morir.
Huele mal tanto entierro,
me delata una caricia, una sonrisa infeliz,
el beso que no di.

De amar tanto amor me riega el alma,
mañana el sol será este día, este reloj de sangre,
su pauta, su deterioro.
¿Qué va a ser de mí en la hora que no soy?

Soy un animal corrompido por el vínculo,
testigo involuntario de esta decadencia,
llevaré como amuleto atravesado en la garganta
unos de mis huesos quebrado por la poesía,
uno de esos huesos molestos
que alguna vez me tuvo en pie.

Ahora ya nada sirve
nada alcanza
nada de este paisaje iluminado.
Vuelve el viento a silbar su melodía funeraria,
inclina, limpia el mármol de la tumba que me espera,
detiene mi nombre por las dudas,
por si alguien olvidara darme enterramiento,
por si alguien recordara
no dejar mi cuerpo pudriéndose al verbo.

Ahora
me queda lo que merezco:
hago sombra en la calle
aunque no haya luz.



© Daniel Quintero 

Poema de María Ángeles Pérez López




[Tijeras que no]

Tijeras que soñaron con ser llaves
acercan su metal hasta la llama
y lloran aleación incandescente,
el filo en que florecen las heridas
sobre el silbido agudo del acero.
En su silueta par, en su desdoble
de dedos que saltaron por el aro
como animales tristes y obedientes,
las tijeras se niegan al destino
de amputar la memoria de la lana
y el cordón que nos ata a los relámpagos.

Ellas cortaron días y raíces,
el estupor carnoso en las cerezas
con su gota de luz para encender
la boca de los pájaros, el hilo
que sostiene prendidas las palabras
dignidad, avellana, compañero
y el vientre del pescado en que se oxida
la llave de los vientos y el fulgor.
Tijeras que cortaron los mechones
de pelo de los niños en la inclusa
y el fino filamento del wolframio
que amparaba la noche de zozobra.
Tijeras que no quieren ser tijeras
y acercan hasta el fuego su pesar
para romperse ardiendo contra el yunque
y al disolver su nombre en los rescoldos,
abrir el corazón y sus ventanas.


© María Ángeles Pérez López

Poema de Valeria Cervero


Algo en lo imperceptible de la luz
evoca la felicidad o la amargura que nos hila.
Pasos cortos o largos,
da lo mismo para llegar.
Un cabeceo a la distancia, un margen
que varía, letras que sólo esperan,
la suavidad a lo largo.
Fuerzas de la materia que hablan para nadie;*
entre la caricia y el desvelo,
un modo de estar en lo otro.
Si el soporte de la palabra finalmente es la memoria,
¿decimos para quién?
¿Quién es el que se corre?

* Cita de Daniel Freidemberg, de "Aguas que tiemblan, como blancas...", en Lo espeso real (1996).



© Valeria Cervero