13/10/17

Poema de Sonia Rabinovich

  

Arbol genealógico 

En el cuerpo las palabras no dichas
debajo de la piel blanca y el cabello rojo
un túnel de vacío 
Una rama en Polonia y otra en Rusia
pestañas invisibles
y ojos alga de mares tan lejanos
Tradición de pan sin levadura
humedecido en las bodegas de los barcos
Sin haber escuchado las palabras
se respiró el dolor
Y entre las grietas de las fotos sepia
 se huele el exilio.


© Sonia Rabinovich

Poema de Patricio Emilio Torne


UNA LAGUNA POR LA MAÑANA

Como en un vidrio esmerilado,
sobre la superficie de la laguna
hay un juego de espejos del que vemos
los contornos sin esa precisión
que dice las cosas tal cual son.
No son patos los que nadan
con suavidad de patos ni juncos
los que se elevan desde su propia sombra.
Es el instante en que estamos
extasiados porque cada uno
carga con su propio artista.
El bruma asciende con el sol
decididamente
hasta desaparecer en el resto del paisaje
vueltas las cosas tal cual son: patos nadando
o zambulléndose delante de los juncos
movidos por una brisa imperceptible.

Un animal arisco esa obra
que se esfuma cuando la conciencia toma
las riendas de nuestro caballo desbocado
y somos los de siempre.

Como la ira
el desencanto
saliéndose del corazón sin entender razones
en el instante de saber que las cosas
son lo que son
apagando lo fantástico
matando el niño que puja por salir.

Una imagen apacible
tanto puede ser la calma
como una batalla en cierne.


© Patricio Emilio Torne
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Liliana Chavez




Este zumbido viene de la palabra desbordada
no es el zumbido de Kokomo
no es el zumbido de Bristol ni el de Taos
es el zumbido de un mundo que no cesa
un zumbido que todos escuchamos
un zumbido que no deja pensar
ni focalizar ni limpiar la lente
y nos altera
altera el color de la música
desmembra los sonidos suaves
el cuerpo de la transparencia
nos quita el rumor de la calma
y nos abruma
abruma tanto que no alcanzamos a comprender
que no hay milagro sin detenimiento.


© Liliana Chavez

Poema de Valeria Cervero


¿Qué palabras para decir lo secreto
cuando el dolor es un dios equivocado,*
la línea que parte en dos el día que es de otros
porque ya no es creíble un cielo,
un atajo, esa mañana?
Si la distancia se hace real,
todo verso se vuelve imposible y ya no nombra
la sonrisa, la mirada,
la confianza de ser.


* Verso del poema ”El dolor es dios”, de Cristian Aliaga (La caída hacia arriba, 2011).



© Valeria Cervero

Poema de Orlando Valdez


ENTRE MIS DEDOS

partes de la noche arrojadas en la arena
como olas mis huesos mi carne aún

cuando de Clara no hay estrella ni foto
y ella dónde ella juega

y cuánto de mí a un costado
delirante quizá inútilmente al extremo despedazándome

mientras Marisí es cierta novel
y única luz del cielo tanta luna creciente

que hube traicionado
para que amanezca mar entre mis dedos


© Orlando Valdez

Poema de Susana Zazzetti



cantan solas
las cigarras en el borde.
cantan brutalmente
el morir o no.
la voz queda entre la silla y la pared.
entre el jarro y el agua.
no me gusta lo que dicen
ni su tono.
no me dan un lugar
donde encontrarme.
me pregunto
para qué sirve su canto
si no pueden combatir
las sombras de la noche.
los malos pensamientos.
el barro en los pantanos.
esta cosecha de muertos.


© Susana Zazzetti

Poema de Susana Rozas




Abdicar ante una palabra 
deslucida 
como dejar 
aquella pasión 
en el portal 
suspendido
       del abandono.


© Susana Rozas

Poema de Diego Bennett


Leoncito ( a Sarhu)

Leoncito
Machito sagrado
Carrera de bestias atuendo de rey
Pibe bajito
Pintado de sombra
Descalzo a la espera de otros nuevos caminos
Pero el tuyo es uno
Encontralo
Dale Leoncito
Googlealo
Buscalo en tu memoria de la estepa
Arrancale las lágrimas ala noche que duerme en el tren
Asegurate
Formateá los senderos de pasado
Resguardate de la cómoda almohada
vos sos un leoncito que no lo sabe

Sabelo
Nombrate
Leoncito
Buscate en el recuerdo que espera
Renovate en el espejo que te eligió
Se el que siempre busca
Que siempre encuentra
Sos el leoncito
León.


© Diego Bennett

Poema de Alicia Corrado Mélin



Secretos.

En venta, dice el cartel
no se ve pero está escrito
y vendido al mismo vendedor.
Patas para arriba, rezonga mi abuela
esto está patas para arriba.
Está en llamas, abuela
ella dice que ya lo vivió
¿Está reencarnada  mi abuela?

                   Ni una moneda.
                   Ni hélices bajo la tormenta.
                   Ni un respirito.

Cuenta que ya tuvo un titiritero mandón
así con bienes raíces de aquí y de allá lejos
y dale que dale
como si tuviéramos hilos maniatados
exclama indignada.
El runrún crece y ella quiere atravesar el cielo
sin humo.
Le cuento que ya no hay secretos, que ahora se grita
se lo digo y me lo repito.

                Ni una bala.
                Ni un pañuelo más.
                 Ni un miedo.




© Alicia Corrado Mélin

Poema de Marina Centeno



TEDIO II

Se quedaron los sueños obstruidos
mientras por la puerta y las ventanas
se mantiene el hermetismo de la ausencia
con la aldaba de ciclo y de permuta
para hacer de los días pasajeros
que transitan sin alas por la vida



© Marina Centeno

Poema de Ana Romano



Caen 

Demoliendo bóvedas
manzanas que atisban espacios  roídos
veredas
zapatos

y el privilegio de una soga
con gente abrochada.



© Ana Romano

Poema de Xenia Mora



ABANDONO

Pasa la velocidad luz
deja su estela de astros,
vagan en mi universo
enceguecen el sentir.

Despierto al asombro
con el látigo que sangra,
tras la agónica alquimia
llevo mi muro a cuestas.

Ya vacía de mi aura
extraño la lumbre - emoción,
espejo de mis ojos
tenaces y libres.

Ahora miro
por mi sombra,
los astros
ya no me pertenecen.

El cansancio me abandonó
en cualquier rincón.


© Xenia Mora Rucabado

Poema de Marta Rosa Brignolo




Ella es.             (Poema para Lúa ) 

Ella es, la fuerza de los mares,
la brisa del otoño,
el torbellino negro de los ríos.
Ella es, primavera y tempestades,
El viento húmedo y frío del invierno.
Es, el justo desatino
del deseo fugaz y sensitivo.
Ella es, la travesura de los duendes,
Con sus manos teje mil ovillos.
Pueden ser de telas o sabores,
derrama sonrisas y griterío .
Torpemente resbala a precipicios.
No cae, nunca cae,
Sus derrotas las transforma en múltiples delirios.
Se permite volar con las gaviotas,
entre estrellas, lunas y vampiros.
Ella es, morena, de rulos enroscados.
donde guarda sus sueños más profundos.
Es, esbelta, paso firme, elegante,
mueve su cuerpo con real estilo.
La tristeza la mata a pura danza
de tambores dueños de sus bríos.
Sin igualarla, Lúa es  única, es ternura y desafío.
Mujer, madre, amante, amiga. Confidente leal, es buena gente.
Suavemente se ocupa, vela, se desvela.
Viene y va como agua de montaña
Dejando en sus huellas la alegría,
terquedad, valor por la esperanza.
Lúa es, mariposa mil colores, campanadas que resuenan, águilas, cóndores,
Los ángeles habitan en su cuerpo,
marcando los senderos recorridos.
Ella es tan sólo una persona,
Una niña grande, sin niñez habilitada.
Virtuosa, fuerte, hacedora de su magia que contagia.
Ella es .



© Marta Rosa Brignolo
Foto enviada por la autora del poema

Poema de Daniel Baruc Espinal Rivera

  

P A S E O

He salido de casa con mi capa de otoño.
No quiero que las hojas que caen me toquen
y humedezcan mi tristeza.
Entro en la soledad del puerto.
El amarillo viejo en que navegan las hojas
deja un sabor de amarga resolana                   
en las alas abiertas de los vientos.
Salgo tarde y regreso seguido por los perros,
por la nieve incestuosa y las campanas tenues del invierno.
Me sentaré detrás del cristal de mi ventana
a ver pasar la rabiosa procesión de la neblina.
La última hoja cae; bostezo. Un copo de nieve ahoga
el último verde que ha quedado rezagado en las pupilas.  
Sueño. La vida pasa. Empieza.


© Daniel Baruc Espinal Rivera

Poema de Marta Comelli

  

AT DUSK...LATE

Camino las calles desiertas.
Está comenzando a oscurecer
Y las casas se tornan azules.
Hay un resplandor allá lejos al fondo de esas calles.
Sólo los pájaros cantan
sólo la música de un viento leve y dulce
moviendo las hojas de los árboles, sus colores.
Todo aquietado excepto ellos y el sol reduciéndose
 entre unas pocas nubes.
Mi pecho duele.
Cómo contar que hace sólo unos instantes
sentí lo  real definitivo, una sensación  insobornable
de  haber perdido todo.
Trataremos de hacer algo con eso,  escuché tu voz,
repitiéndose.          
Difícil sostenerse ante tantas ausencias
tanta fragilidad
tanta infinitud
devorándose el paisaje.


© marta comelli

Poema de Susana Lobo Mayorga




RECTIFICACIÓN

Estoy en un  punto de la circunferencia
en el espectro azul del  vacío
lejos del centro.
Un instante y mi piel se abre en  otro nacimiento
Viejos silogismos se aceleran  hacia el  fondo infinito
en línea recta
hasta encontrar el punto opuesto
donde la luz se escurre en  las  paredes del  abismo

Necesito gritar
hasta encontrar el punto
estallar en el punto
y abrir la circunferencia.
Lograr que la curva descubra
el  valor de la recta
el  oscuro llanto de las  paralelas.


© Susana Lobo Mayorga

11/10/17

Poema de Paulina Vinderman


El mundo se parece a una bomba sin estallar.
¿Llamaremos a un  zapador para desactivarla?
¿O dejaremos que arda, orgullosos de nuestro juguete,
 inmolándonos con él?
Desde la galería arrojamos poemas a la noche.
Los leemos en voz muy alta, como universitarios aplicados.
Los leemos a los hombres cansados que duermen
en las cubiertas relucientes de los camaroneros.

"Los que duermen y los muertos no son sino pinturas.
Sólo los ojos de un niño se asustan  ante
un diablo pintado", hago decir a Lady Macbeth.
"Escucha, escucha, escucha, la voz de los hoteles", pide Mutis
por tu boca.

¿Qué recordaremos cuando recordemos?

Años después, esos versos seguirán estirados
como tendones de la noche, antes de dormir:
la única absorción de luz en una estación desahuciada.
La voz humana: una ópera que hace callar
por un momento a los dioses en la catedral
del mundo.


© Paulina Vinderman

Texto de Marisa Negri


Dice María Moliner: Pasar una serie de hilos y formar una tela, tejer un sombrero de palma, una cesta de mimbre, una estera de esparto.

Hace la araña su tela, el gusano su seda, labor de punto o ganchillo. Hacer un nudo trenzar la red, pescar o urdir.

Ejecutar una danza cruzando brazos y piernas. Tejer el porvenir. Tejer la ruina.



© Marisa Negri

Poema de Daniel Quintero




Antropofagia

Vivimos con un poema muerto,
cada día le comemos un pedazo:
algo que lo deshonre, su árida metáfora,
toda crueldad manifiesta.
Vivimos con ese poema
el largo de la vida,
al papel va su derrota,
al resguardo incierto la palabra,
se nos atraganta el verbo,
intenta en vano otra respiración,
otro reloj que no desmejore.
Vivimos con un poema muerto sobre la espalda,
intentamos omitir su carne
pero con el hambre vamos a su tumba,
en el fondo vomitamos tinta
es negra la sangre que elegimos.


© Daniel Quintero

Poema de Celina Feuerstein



decían que si te ponías bizco
y un viento fuerte soplaba
los ojos se te torcían
para siempre
o que comer sandía y tomar vino
era una combinación
fatal
decían
que meterse a la pileta sin hacer
la digestión
podía costar la vida
y ¡ay!
la vida costaba costaba
acechaban los peligros
que traía el viento
a los ojos voraces de rojos brillantes
de sandías y flores
costaba la alegría
agarrada al tronco de un árbol
a resguardo de aguas frescas
que calmaban la piel
en las tardes sofocantes de verano


© Celina Feuerstein

Poema de Quico Rua




Lluvia en el Beagle

Un, dos, tres....antes que cuente hasta diez
llegará la lluvia.
Las velas del Mago, hace un minuto,
como navajas inclinadas a sotavento,
rasgaron el frente de tormenta y se perdieron,
antes de desaparecer, el capitán con traje de agua.
le tomaba manos de rizo a la mayor.

Primero fue un fantasma gris deshilachándose,
pero también se esfumó
el multifacetico lienzo de Navarino
que cuelga a diario de mi ventanal,
solo la antorcha del notro en flor
se mantiene encendida,
y mancha con con cierto desgano el gris de la lluvia.

Pienso en Thomas Merton,
en su lluvia y su rinoceronte,
también me llega el sonido que acompañó edades geológicas,
ahora, golpeando un joven tambor de cinc.

Me dejo estar... recuesto la cabeza en gotas viejas,
que al llamado de mamá
le arriaban barriletes a la tarde,
Afuera el bosque se lava la cara
con un austral sin fuegos de artificio,
y con un jabón de aroma a Beagle
guardando para el sol la melodía de los trinos.



© Quico Rua

Poema de Raquel Jaduszliwer

                                   

El día del verano

Y así es
éste es el día de ahora 
transcurre todo bajo una cúpula hermética y sin pájaros
 
los días que pasaron
tan ajenos parecen porque fueron del viento y de la nieve posible

ahora
la ciudad se descubre desnuda entre los hierros
tan impropia y desnuda 
se le ven sus metales, sus alforjas exhaustas
los aguas sorprendidas para fuegos tan nuevos
para un altar alzado y soberbio que hoy estalla

todo va sucediendo con esa desmesura
propia de una abstracción del trópico que aún no conocíamos
y de pronto nos sentimos rehenes con una piedra al cuello
prisioneros a los que nadie les enseñó a escapar

y ay, cómo quisiéramos volvernos hombres lobos y acechar en los bosques
o en la sabana ser el rey
o también, por qué no
un diminuto insecto con todo el aire verde en torno
o alguna hoja increíble
de un lustre tan brillante como el sol

pero aquello pertenece a un olvido que nunca ha sido el nuestro
a la antigua manada que hace mucho se ha ido
que nos ha abandonado bajo el cielo metálico

todo transcurre ahora en esta nueva selva de elementos fallidos
que podrían un día derretirse sin más ni más bajo la cúpula radiante


                                                                                  

© Raquel Jaduszliwer

Poema de Javier Saleh



“Ello de no ser hallado
no busca su lugar en tan ello mundo”

CÉSAR S. BLANCO
Silvio Rodríguez y el daltónico azul

Brinell en kilogramos ella

(Fracaso de hamaca)

La mayor distancia
es ella desnuda,
una mujer invisible
con ganas de vestuario
un hambre con todos sus dientes
su ella como piel propia
antes que efeméride
antes que verdad incorregible.

Uno come ella
sintiéndose columna de partido político
soñando ella

uno sabe que con un termómetro
no se improvisa ese calor
uno es ella
con horas extras de hombre
sin rieles a la jaula
apenas una muerte de carácter transitivo
a igual be etc.,
sin seguro contra tercero.

Ella entiende el lápiz mordido
como título de propiedad
y aunque de una soga cuelga esa boca
con oficio de ropa interior
para hombre
uno tiene en cuenta
el aumento de glóbulos blancos
o ser padre ausente

y ante la fe de erratas
ella exige protección.

Miro hacia abajo
y pienso en el cuello de Ana Bolena
y luego en fracciones matemáticas
miro y veo al denominador común
dejando /en ellas páginas/ un señalador

entiendo que algunos mueren de paz
y otros de siglo

no obstante ideologías
uno se vuelve flexible en ciertos temas
quizá demasiado flexible
sexualmente a blando...
a blando
a blando.



© Javier Saleh

Poema de Inés Legarreta





no me visita la gracia
ni la belleza
quizás no sea posible
la súbita iluminación el grito o el aullido
porque los versos dependen más que de cualquier otra cosa
de mis manos
van por el papel dejando constancia de la carne
y el olor de todos los días
la cocina la ropa usada la tierra removida por la lluvia
cuántas sábanas
a veces se quedan con un perfume
y sonríen por el rastro de los cuerpos en la noche o en la madrugada
o a la mañana al despertar
entra el sol
las manos escriben
y el anillo de piedra tiene
la marca del agua, la sal
que se deposita en silencio
como en los cuerpos las arrugas y los dobleces y el ruido del tiempo
apaciguado por nosotros
con palabras


© Inés Legarreta

Poema de Darío Oliva


Residual

Me silencia esta mancha
sobre el ojo de la hoja.

Hago que gire
                 y grite
                       la cuchara.

Desde el vértice de mi garganta
gotea la palabra
                  y m e d i s u e l v e.

No soy el que lee
             ni el que escribe,
sino lo que agoniza
bajo esta superficie.



© Darío Oliva

Poema de Marta Zabaleta


Nocturno

Se oye el silencio.
La luna vela.
Lejos, un tiro de metralla.
Y un vendaval de cuerpos mutilados.
Moléculas de estrellas
caen sobre el mar.
 
Disputo con mi sueño
y por fin, me duermo.


© Marta Zabaleta

Foto de Yanina Hinrichsen

Poema de David Sorbille




Las palabras no alcanzan
a descifrar un sentimiento
apenas pueden dibujar
el follaje de los bordes
la sutil melancolía
que me arrebata
el deseo de encontrar
la sombra del ausente


© David Sorbille

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux




LLAGA  

Hundido pozo desnudo de caricias
y de la lengua del beso.

Pequeño cuerpo que te vuelves más pequeño,
mutilada belleza en escarpada zanja,
debajo de la blusa.
El espejo cierra los ojos en la herida.



© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Beatriz Minichillo


Palabra

Quema la entraña
con un dolor dulce y salvaje.
Se introduce en la piel,
me horada con cada sílaba perdida.
Y no sé si lo que arde
es una vigilia de seres fantasmales
o un deseo no consumado.
Me tiendo sobre el aire
y me arrojo a una intemperie
de gritos y susurros,
mujer extraviada en su propio envoltorio
mientras alrededor siguen su curso
la lluvia, el sol,
el mar que adivino
y una voz que me llama
más allá de mis límites.

© Beatriz Minichillo

Poema de María Alicia Gómez de Balbuena


Espejos de mi Noche
                                     
Si pudiera elegir…
Otro significado tendría tu reinado
Tal vez serías la dueña de esta inmensidad
Aunque en latidos … Sería diferente tu existir
Si pudiera elegir qué noche fueras
Tu oscuridad sería cobijo del caído. Tus estrellas
 El agua diamantina que calmara la sed en lontananza
Tus vientos agitarían los espíritus…Donándote una voz transformadora
Invitarían tus nubes al descanso… Sin volverse de la tormenta amigas
Así, las mareas, llevarían consigo la esperanza
Tapizarían un nuevo mundo con sus humedades
Tu luna, hálito de Cortázar, seductora,
Invitaría a que el amor no muera
Cuando el sol avanzara, el descanso se volvería cósmica energía
Que en alimentos y pasiones viviría, para que estalle la mejor propuesta…
¡Serías “Mi noche”!
Jugarías a contener el canto enamorado ¡De tantas serenatas!
Espacio del ensueño y del deseo
Serías…La que gime y acuna. Y hace brotar silencios
Silencios que cuando el sol desnude se volverían palabras
Pero aquéllas…Sólo las anheladas
¡Me aventuro a esa magia noche de mis angustias!
Déjate seducir…Es preciso que el Universo advierta
Que estás sola porque aún no te atreves…
Será válida alquimia tras los ruegos
Sabrás que el abarcar la inmensidad…No te ha dado derechos diferentes
Son los mismos derechos que la vida traslada a los vivientes
Tú sólo eres “la noche”…Y puedes elegir otro camino
Si tomas de mis sueños, tu destino.
                                                                                             

© María Alicia Gómez de Balbuena