22/5/18

Poema de Adela Margarita Salas





.-Suele ocurrirme.
Una profecía de luciérnagas fugaces
enciende mis esperanzas.
Mas, la realidad
                descascara la corteza de mi nogal.

© Adela Margarita Salas

Poema de Silvina Anguinetti





A veces es necesario*
el cansancio para detener los párpados
sentarnos a orilla del murmullo
respirar en la profundidad del grito
entre cuerdas vocales
que salpican con sangre las palabras.
A veces es necesaria
la muerte que ronda
el espejo que nos hace cómplices
la baldosa que esquivamos
mientras guiñamos el ojo al ancho de basto
mientras los puntos del envido
se muestran en la mesa
y las cartas escriben con espadas
la última partida.
                        
                          *Sebastián Olaso


© Silvina Anguinetti

Poema de Amelia Prieto


  


Labios

Labios que circundan una boca
boca que se abre a tu mundo
mundo que te llena de vida
vida que compartes conmigo.
Labios que guardan secretos
secretos se esconden bajo llave
llave que abre el candado
candado que cierra mi corazón.
Labios origen de un amor
amor que mantiene una llama
llama que está prendida en fuego
fuego que no apaga la pasión.

© Amelia Prieto

20/5/18

Poema de Sandra "Tana" Pasquini



Este ejercicio de nombrarte
cuando el olvido se acerca peligrosamente a los filos
me está cortando la lengua.

© Sandra “Tana” Pasquini

Poema de Hugo Francisco Rivella





EL ALIMENTO 

Me alimento con el mendrugo de pan del hechicero,
sus pócimas, (aletas de tiburón con raíz de gingseng, una pata de sapo con cenizas de mangle y una piedra volcánica del Mar de los Suspiros).
Me alimento con el barro que amasa el alfarero,
sus demonios deshechos buscando una salida y la forma del viento tronando entre los dedos.
Me alimento con las garras del tigre cuando sueña la selva,
las ramas de mi sangre por sus árboles solos y el canto de los pájaros inundando mis alas.

Mi alimento es la noche de borrachos y putas,
(salvavidas del náufrago si las toca el abismo).
La espada hundida en el cobarde hasta la empuñadura,
el rastro del caído porque le llora el alma y el corazón del monje porque le falta cielo.
Mi alimento es la rosa con sus pétalos ciegos de mirar en la lluvia una niebla de peces, el cisne del espejo con la voz del otoño y el temblor amarillo del jaguar y sus ríos.

Me alimentan los toros de miura y las glicinas de las casonas viejas de Madrid, el sol de Cartagena con sus cumbias y el ritmo de bongóes que tienen las mulatas,
la piel como un  incendio
y el contraciego giro de la luna en la playa.

Mi alimento es la muerte que arrastra las cadenas de un barco que se pierde más allá de la noche,
la oscura sed de piedra que tiñe los lamentos de la madre que busca la luz en los escombros de Hiroshima
o se arranca los ojos en Bombay
o imagina  el prostíbulo donde violan a Cristo
y los muros del búnker donde gime un poema.

Me alimentan los pasos del niño en el recuerdo y la lluvia en los cedros de la plaza de un pueblo, sus casas achatadas por el peso del cielo y el pájaro que vuela sus últimas campanas.

Mi alimento es el verso de Machado y Celaya, 
Aragón y Ezra Pound en el ojo de un tigre,
la carta deshuesada de Rilke a los poetas,
y la mínima copla de un cantor en los cerros.
Mi alimento es la Sombra,
la vidala perdida que Espinosa persigue más allá de los vinos por las calles de Salta, los jueves en París y en aguacero,
la campiña celeste del cielo en el Caribe y las ranas fantásticas del lago Tangañika.

Mi alimento es el cuerpo de la mujer que amo con los dientes  y el fuego de una planta carnívora,
su piel como un aceite de oliva y avellanas,
su lengua interminable y cálida, sus gemidos, la trampa de sus brazos y piernas.

Me alimenta la brújula de un barco en alta mar y las velas henchidas por los vientos del trópico, el lobo que en la nieve desploma sus destino y los copos que sueñan el vuelo del halcón.

Mi alimento es el hombre con sus huesos heridos,
su calavera, el torso, las huellas de su sangre,
el ojo empecinado de escudriñar la jaula que encierra el alarido de su voz en la sombra, la música del alma cuando suelta sus pájaros y le quema dolida su niñez deslumbrada.

Me alimenta saber que yo soy mi alimento.


© Hugo Francisco Rivella

Poema de Paulina Juszko





Hay casas donde sólo es posible ser  desgraciado
siniestras casas grises
grises como el hombre medio
como el término medio
como las cuentas que falta pagar a término
como pagar nuestras faltas
casas cuyas paredes sudan odio
casas-cáncer
casas-sanguijuela
casas que se nutren  de nuestra médula
que nos quitan consistencia resistencia dignidad
casas que nos pisan sin tregua el dedito chico del alma
casas-boa
que nos eligieron como víctimas
y esperan pacientemente la consumación de nuestra ruina
para derrumbarse.


© Paulina Juszko

Poema de Elena Garritani



La  gacela en la mira

             De profundis. Lo sentía vacilar,
   casi perder el equilibrio y sumergirse
    para siempre en aguas desconocidas.
                                Clarice Lispector

A la luz de una vela, la mujer de la sonrisa triste
ruega por nosotros, y antes ruega por él,
siempre por él.
Ritual de luna llena, su piedad.
Un milagro de luz, cara al abismo.
Ni compasión merece
le dictan sus pulsiones, su aliento,
su conciencia.
La gacela en la mira fue para él
la gracia arrodillada, el talle esbelto.
Pedirá por su bien, pedirá por nosotros
y antes pide por él, siempre pide por él.
A la luz de la vela, sigue sola,
no como un pájaro que evadió la captura
sino como el perdón que escapó de la jaula,

© Elena Garritani

Poema de Patricio Foglia



Algunas noches de insomnio, en plena madrugada
caminaba hacia la heladera.
Era chico y también
uno de los más gordos de la escuela.
No tenía muy claro por qué
pero en medio de la noche, abrir la heladera
y dejarme hipnotizar por su luz
me calmaba. Por eso
me siento amigo de los que roban,
de los que se drogan, de todos esos pibes
en la esquina, esperando.

© Patricio Foglia

Poema de María Laura Coppié



Séptimo día 

Hay una cosa que se llama tiempo,
es como un bicho que anda y anda.
Julio Cortázar

No me pidas más.
No creo en el tiempo.
Tic tac agazapado y traicionero.
El tiempo destroza a su paso
la confianza y sus valijas.
Tic tac reptando por nosotros,
sin más advertencia que el mudo reclamo
del buenos días al peinarnos.
Tiempo como una horca
atada a la rama más encendida
del palo borracho de la esquina de la plaza.
Tic tac que avanza derrotando ironías e imprevistos.
Topadora arrasando con la fe,
imperturbable y tenaz.
Intimidante tiempo
entre vericuetos y arrugas,
y sus estatuas al sentimiento.
Tiempo que craquela zapatos,
encoge nuestra voz
y opaca a los muertos.
Tic tac todas sus arbitrarias medidas.
Látigo de humo, el tiempo.
Estampida, huracán, ritmo incontenible
que nos sofoca y enormece distancias.
Tiempo que convierte al espejito dorado
en un desvencijado cartel verde de salida.
-Necesitamos tiempo.
¿Tiempo?
Yo ya no tengo tiempo:
el circo está por abandonar la ciudad
y me queda demasiada ropa por lavar.

© María Laura Coppié

Poema de Amalia Mercedes Abaria



POESÍA

             Dónde tu palabra Poesía?
En qué abismo  azul, o labio
escondido, en qué cielo
                         buscarte.
¿Hay que atravesar el hueso,
la sangre, el alma
de tu lengua de relámpago?

Tengo que encontrar
               tu  palabra, Poesía …


© Amalia Mercedes Abaria

Poema de Olga Liliana Reinoso



Yo soy de las que entrego el corazón
o lo malvendo
o lo reparto en mil pedazos
como una sopa de huesitos
en las calles de invierno.
Total, si corazón es lo que sobra.
Para qué quiero tanto.
Es mejor repartirlo, multiplicarlo,
para que no se caiga de un hachazo
de soledad
o infarto.


© Olga Liliana Reinoso

Poema de Patricia Berho





Sueños de un recreo polvorientos                   
                                                 
Introspección, para llegar al lugar de los sueños, 
y poder ver más de lo verdadero


Los días de lluvia
les gusta para saltar el charco
Dicen que buscan un ave, en las tardes soleadas
que les ponga alas a sus brazos
Un trinar en su voz de duendes
Calor de nido en sus almas despobladas
En algunas culturas, no dice Casilda Rodrigañez es la rana símbolo del útero
Que salta, palpita, y se mueve,
Presiento que aquí y allá lo desconocen, solo es fuente.
¿Es la globalización pobreza?
¿la marginación agresividad?
Entonces…cuánto dolor, donde la mayoría ve furia

                           
© Patricia Berho

Poema de Walter Mondragón





CONTRAMURO

                A Vic., que gozará estas imágenes

El deseo omnipresente
Que me mueve sin pausa,
El camino que abro,
La canción que me habita,
La fuerza de las cosas
Que me llevan en andas
(río que pasa y sigue
 su rumbo hacia otra riba)
La certeza de un sueño
Que bien vale la lucha
       (la razón de estar vivos)
La memoria de un verso
Que insiste en perpetuarse:
“Ser esta cosa que agoniza y canta…”
La conciencia silente
De haber tocado algo,
El recuerdo de un beso
En el último instante.

© Walter Mondragón

19/5/18

Poema de Dolores Etchecopar





hay palabras preciosas
gemas que se abren misteriosamente
cuyas facetas destellan algo que se quiebra
antes de completarse
así es la palabra aquiescencia
difícil de pronunciar
esquiva como un hilo de agua
que fluye entre las aristas filosas
de la palabra no


© Dolores Etchecopar

Poema de Jotaele Andrade


  

  Mester de pedestría

¿qué es situar un territorio?

¿inscribirse en una estatura
una noción de ser
o estar?

¿mear en los límites?

¿tomar al animal por la cola y obligarlo a saltar el aro de fuego?
¿hablar
entonces
de lo doméstico?

¿es la casa el territorio? 


yo podría escriturar los astros
ahora mismo

concebir el vuelo
entre las delgadas mariposas del aire

desatarme y escupir terribles amenazas
o manzanas oscuras como el deseo
de matar a los padres
o el incesto

y no perfeccionar el arte de pedestría de esta extravagancia de recoger
una y otra vez
los broches
caídos del tendedero


© Jotaele Andrade

Poema de Inés Legarreta



Viene el agua desde dónde
hubo un cielo
y se cae en las baldosas en los canteros en los rosales
tan suave
como música alejada en la memoria
de algo feliz
que no vuelve


© Inés Legarreta

Poema de Celina Feuerstein


  

y el cuerpo cuando se pierde el amor
¿es el mismo cuerpo?
el cuerpo que amado despertaba vivo
florecido como un árbol
de corazón de hígado de vísceras
colgando como flores
y los músculos que hacían run run
como si un motor los pusiera en marcha
las piernas esbeltas los brazos firmes
dispuestos a correr la vida y atrapar el aire
ese cuerpo después
¿es el mismo?

no es aquel cuerpo no
es otro
se afloja la carne y ya no se tensa
el músculo
en este no se siente
dónde está el hígado dónde el corazón
como una masa informe
late despacio
se seca la piel y cae como polvo blanco
arena del desierto
los frutos
las hojitas
caen
se pudren
se oxidan 
                                                                         

© Celina Feuerstein

Poema de David Sorbille





Mientras tiendo mi mano
encuentro en la tuya
lo que llaman destino
acompañado por tu sonrisa
alrededor de una mesa
junto al libro de la esperanza
y mis ganas de amarte
acariciar tu cuerpo
olvidar mis impurezas
y confiar como decía Urondo
en estar seguro de vivir
en el corazón de una palabra


© David Sorbille

Poema de Nora Coria


  

AMANECER SIN RETORNO

Disímiles ojos
iguales miradas.
Huellas sobre huellas
(el camino eterno 
circular el tiempo)
con pasos distintos
idénticas marcas.

Desde lo profundo
selva y piedra,
desde lo elevado
selva y piedra
miles de brazos me buscan.

Desde lo más alto
piedra y agua,
desde lo más hondo
piedra y agua
miles de voces me alcanzan.

Mama Quilla, duerme
cielo y luz
Tata Inti, estalla. 
   Amanece Machu Picchu. 
                         Y no hay retorno.  

© Nora Coria

Poema de Mariel Monente





BALSA

A veces el cuerpo es una balsa
donde se mecen los pies
pies de proa.

En el centro hay nudos blancos
cabos expuestos a la tempestad
fiera de foque
cuando arrecia el viento
el aire que lo nutre
es un ritmo
con calor de fragua.


©  Mariel Monente

Poema de Edgardo Néstor Brites



con su sonrisa al mirarme
contó de a uno los pétalos
y una flor eterna no le alcanzó

sueños de agua entre canciones viejas
sobresitos al día, mi nave negra vacía
"no soy el mejor"
héroe de la nada desorden del amar
luces de mis manos, palabras ya dormidas.
quedan solo voces, recuerdos de suspiros
riendas de cadera,
Idas y venidas,
vueltas de una rueda

Me tiró entre pétalos

se fue


© Edgardo Néstor Brites

Poema de Gisela Galimi






68

En mayo,
-su primavera-
ellos salieron a la calle.

En octubre,
la primavera  de mi madre,
yo salía a la vida.

Será por eso
que tengo
los huesos
fuertes para soportar
los palos
y la piel sensitiva para pedir
lo imposible.


© Gisela Galimi

Poema de Andrés Lazcano García



En su trémulo quejido
el hoy desarma los espejos,
la única reseña,
sombra en mí la dicha
exhala un ángel de voz cansada,
el cielo es la certeza
entre el abismo y las llamas,
escribir o morir me digo
y en el estruendo de la carne,
el alma es el verso
que dejo ir.


© Andrés Lazcano García

Poema de Isabel Llorca Bosco



ÁRBOLES IMPRESOS 

Nudo de emociones 
tiritan, tiran y buscan otro centro: 
reloj endurecido que duele cuando late 
y es preferible ver.  
Como no tengo el talento de Emily DickInson 
ni  el apremiante impulso de esconderme, 
viva preciso ser leída 
y no solamente por psicólogos. 
Cada vez me vuelvo menos incluyente 
(aunque suene como suene y mi mundo a nadie excluya) 
Milenios, años han ampliado el sentido de “prójimo”, 
más fácil de querer porque no lo tenemos encima. 
Ser leída por los que saben del trabajo de lectura  
que abre el abanico del prisma, 
unos dos, tres o más desasosiegos  de viento. Dispersión 
que difunde. Que desarma y arma y descubre  textos. 
Abanico que propague este clima mío. Quisiera construir 
un árbol de fuego cuyas hojas no cayeran en vos igual que las cenizas. 
La soledad ha afectado mi naturaleza 
desde mi nacimiento exigente  hasta hacerme recitar 
“que yo me casaré con Aqueronte”. Todavía 
debo conseguir  la luz cálida 
y difusa, con el foco oculto. 
El grito de un hallazgo en cierto escrito 
como ecos de nuevas escrituras y voces superpuestas. 
Incansablemente buscaré 
con mi poema, con mi historia y cuanto amo, 
ser aceptada. 
Tal vez  entre frases leídas cuya “terrible belleza” haga tolerar lo siniestro.                      

                                                                                 
© Isabel Llorca Bosco
Imagen enviada por la autora

Poema de María Rosa León


  

DIVISIÓN DE AGUAS 

"Según su costumbre, el sol brilla y muere, muere y brilla. 
Y en el patio, como ayer, hay una luna amarilla..." 
JORGE LUIS BORGES 


Ya lo hicieron los hombres 
a lo largo de toda la larga 
historia de los hombres... 

Empezó Dios, separando las tierras 
de las aguas y la luz de las tinieblas. 
Después, una interminable sucesión 
de imitadores, intentó distinguir 
el bien del mal, el cuerpo del espíritu, 
la vida de la muerte... 

¡Hasta Platón se tentó y separó las aguas 
entre doxa y episteme!... 

¿Y quién puede darnos garantía, 
o sólo asegurarnos, 
que no esté todo tan confundido y aglutinado 
o (¿por qué no?) amigablemente unido, 
que resulte ser absurdamente innecesario 
insitir en esta tan inútil división de aguas? 



© María Rosa León






Poema de Marta Rosa Brignolo


    

El Abrazo

El abrazo rompe
historias de dolor.
Renueva.
La sangre fluye, apropiándose 
de cada gota de vida al paso.
Seres hambrientos
atentos a las sombras
de otras soledades.
Renacen, brilla la inocencia
y se aprovechan del amor.


© Marta Rosa Brignolo

Poema de Mariano Shifman


  

EL PRIMER ELEMENTO

Del sexo provenimos
y hacia su lumbre tan oscura vamos:
mariposas de anhelo y vuelo corto.
Procurando libar nos devoramos.

Pequeña muerte, madre de la vida
que es madre de la muerte: rueda vana
de dientes deliciosos y fatales:

¿te hizo así la acidez de una manzana?


© Mariano Shifman

Poema de Anahí Duzevich Bezoz





CONJUGANDO MAL



                                  "La imaginación gobierna al mundo."
                                                                       N. Bonaparte.                              


Ayer estuve reprimida  al recordar
un sufrimiento que había inventado.

Hoy  estoy de luto asomada
 a una muerte que imaginé.

Mañana estaré feliz saboreando
una vida que  he olvidado.


© Anahí Duzevich Bezoz

12/5/18

Poema de Osvaldo Bossi



Cuando mi amado entra
al cuerpo de ella, es a mí
a quien tan hondamente
llega; me quita la respiración,
arrasa y mira a los ojos.
Pero cuando por mi propia
carne él entra, es a ella
a quien toca: desnuda, la puedo
sentir del otro lado suspirar.


© Osvaldo Bossi

Poema de Gabriela Yocco



cuestiones semánticas II

si digo niño debería decir / una hamaca que corta el cielo
marrón contra nube la guadaña
lonja de madera que partiera lo azul

sin embargo digo niño y apesta a pólvora
caen sobre el piso casquillos y no bolitas gastadas
no cae el lápiz
no caen matecocido y leche
no cae la zapatilla mal atada

si digo niño
supongamos un niño tan único como todo niño
debería decir un rostro que sonríe su pulso de futuro
su completa vida delante como un gran fruto del sol

si digo niño debería decir
olor a plumón nuevo
y no sangre seca contra el asfalto

no debería decir adiós para siempre

nunca decir niño
debería
ser
decir
adiós

© Gabriela Yocco